Investigación y postura estética




Pintura ‘Sharp pain’: Don’t suffer in Silence – Baruch Elron


Baruch Elron es un reconocido artista en la escena de Israel, que recientemente sufrió dolores crónicos personalmente. Ésta es una pintura que se llama ‘Sharp pain’. En ésta pintura el artista usó colores otoñales para representar la defoliación del cuerpo (Caída de las hojas de los árboles y plantas, causada por enfermedades y agentes químicos o atmosféricos y el espíritu), ya que el artista sufría un crónico dolor en un miembro fantasma, cosa que hacía el dolor más intratable, usando el grito en la pintura como forma de representación de ayuda para compartir su sufrimiento. La pintura fue seleccionada por un laboratorio farmacéutico de Israel y por la Asociación del dolor Israelí en una convención anual que se realiza en Haifa. 

La pieza luego de esto se convirtió en una obra reconocida dentro del campo de los investigadores y contribuyentes en el campo del dolor; luego se hizo popular dentro del público en general desde que fue escogida por la IASP (International Assosiation for the Study of Pain) como la ilustración principal en la Primera Semana Contra El Dolor en Europa en Octubre del 2001, queriendo decirle a las personas que padecían dolores que no sufrieran en silencio. La imagen también es usada, entre otras cosas, por la página de EFIC ‘Europe Against Pain’.

En la obra podemos identificar una paleta cromática compuesta principalmente por colores otoñales como el amarillo, naranja y ocre. Además, podemos observar la preocupación del artista por la luz en el cuerpo del personaje, al que se le forman los volúmenes de su cuerpo gracias a la ubicación de la luz frente a él.

También vemos cómo se genera perspectiva gracias a la superposición de planos.



Baruch Elron (1934 – 2006)

Fue un pintor israelí conocido por pintar Realismo Fantástico, con obras ricas en simbolismos y alegorías. Nació en Bucarest en una familia judía sefardí, y en su juventud comenzó estudios de pintura en la Academia de Bellas Artes Nicolae Grigorescu en Bucarest; siendo unos de sus maestros Corneliu Baba, Alexandru Ciucurencu, Jean Alexandru Steriadi y Yosef molnar.

Mientras fue estudiante, Elron hizo algunos viajes de estudio a Moscú, Praga y Budapest donde recorrió museos y estudió a los grandes maestros.

EN 1958 se le fue otorgado el premio a la excelencia en la Feria Internacional de Arte de Río de Janeiro. Luego, un año después, recibió el premio del festival de la Juventud en Moscú.

Luego de graduarse de la academia de artes comenzó a trabajar como artista gráfico, ilustrador de libros y en publicidad.



En 1961 se casó con Lydia Elron y dos años después emigraron a Israel con sus familias. Cuando quisieron emigrar, los oficiales comunistas rumanos lo previnieron acerca de llevarse sus pinturas, así que Baruch decidió dejarlas todas abandonadas en Rumania.

Sus inicios en Israel no fueron fáciles, pero luego de un tiempo de trabajar allí, y de tener al primero de sus hijos, Baruch decidió que a lo único que quería dedicarse era a la pintura.



Para el año 1966 Baruch tuvo su primera exhibición en solitario en la ciudad de Tel Aviv; a ésta la prosiguieron varias otras bastante seguidas en diferentes ciudades del mundo como Nueva York y Toronto. De ahí en adelante vinieron buenos años para Baruch Elron, quién pudo exponer sus obras en varias ciudades de Alemania y en diferentes museos importantes alrededor del mundo.



Su estilo artístico se puede ubicar dentro del Realismo Fantástico con algunas influencias surrealistas. Aunque el artista calificó alguna vez su trabajo como ‘Surrealismo fantástico- optimista’.

Elron vincula los temas de su pintura a expresiones basadas en la literatura, la poesía e ideas filosóficas de distintas culturas humanas.




Postura estética


El dolor es usualmente una alerta que da el cuerpo cuando algo anda mal en nosotros. Aunque algunas veces el sistema que da las alarmas en el cuerpo es el que puede fallar y puede generar alertas innecesarias.

Entre los hombres existe mucho miedo al dolor, la enfermedad y el sufrimiento. Esto se debe principalmente a dos factores: uno de esos factores es el hedonismo de las personas; el otro, en cambio, se debe a los avances tecnológicos que hacen que los hombres estemos cada vez menos familiarizados con el dolor. Respecto a esto podríamos pensar entonces que en la sociedad actual lo que antes se trataba conscientemente, haciéndonos acercar a nuestra parte más humana y sensible ha sido sustituido por medicamentos que nos hacen indiferentes a lo que pasa dentro de nosotros. Así entonces el hombre se olvida de la dimensión perfectiva y catártica del dolor, padeciendo doblemente ya que además de que indiscutiblemente todos los hombres lo tienen que padecer, viven aterrorizados huyendo de él.


La experiencia dolorosa es más enriquecedora que la sensación de dolor. Esta última se refiere principalmente al dolor exterior como consecuencia de un mal que acecha nuestro organismo, y que es percibido por nuestros sentidos; en cambio en el dolor como experiencia (sufrimiento) intervienen partes nuestras como la memoria, la inteligencia y nuestra imaginación.

Freud distingue tres fuentes principales del dolor: 1. la enfermedad que nos hace descubrir nuestra finitud; 2. las agresiones del mundo exterior que nos hacen descubrir nuestra pequeñez e indefensión; 3. las relaciones con el prójimo que nos descubre la injusticia. 

Lo anterior planteado por Freud hace referencia de lo humanizante que es la enfermedad y el dolor, ya que nos enfrenta con nuestra verdadera realidad que es finita, pequeña e injusta.
El sufrimiento nos deja como resultado un proceso de maduración, elevación o purificación. Se puede decir que este es su resultado ya que luego de que sufrimos podemos ver a través de un filtro más claro lo que es importante y trascendente en nuestra existencia y lo que no. Y es así como se convierte el dolor en una catarsis, purificando nuestro cuerpo y nuestra mente de caprichos triviales. 

Al padecer el dolor se pueden tomar diferentes actitudes. Podemos aceptar el dolor y convivir con este como un ente dador de experiencia, pero también podemos silenciar nuestro sufrimiento y buscar suprimirlo. Lo que hace más difícil padecerlo. Al no compartir nuestro sufrimiento y al esconderlo, negamos nuestra realidad. Negando nuestra realidad no permitimos que nadie aprenda de ésta, además debilitamos nuestra mente llenándola de preguntas sin respuesta.

Es inquietante ver que ahora las personas prefieren ignorar que el sufrimiento es parte de la vida, tratando siempre de evitarlo de una manera u otra. Ahora la sociedad sólo va tras el placer y vive huyendo del dolor. Esta es una forma muy superficial e irreal de vivir la vida, ya que el dolor y el sufrimiento como experiencias son algo muy humano, ya que nos hacen evidente la otra cara de la vida que se acerca más a la realidad de nuestra existencia.

El sufrimiento desde una perspectiva humana y consciente nos permite acercarnos a la realidad, a reflexionar sobre lo que no funciona bien, y además nos acerca a los demás ayudándonos a comprender y a ser solidarios. La verdadera cuestión está en la forma en que enfrentemos o acojamos el dolor cuando se presenta en nuestra vida.

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